COVID-19 y ORDEN DE AISLAMIENTO
TOTAL
¿La estrategia puede ser la
adecuada, pero ¿tenemos la capacidad económica para llevarla a cabo?
La orden del
Presidente de la República de que los Colombianos nos mantengamos en casa desde
el 25 de marzo hasta el 13 de abril, establecida en el Decreto 457 del 20 de
Marzo del 2020 y denominada “aislamiento preventivo obligatorio” no tiene otro
propósito que evitar el contagio
masivo y en un muy corto período de tiempo de un número tal de residentes cuya
situación de gravedad supere la capacidad de atención del sistema de salud
colombiano.
La anterior frase
parece una verdad de Perogrullo si no es entendida en su verdadera dimensión,
por lo cual vale la pena aclarar que no quiere y que si quiere, decir esa
frase:
A) Lo que no dice:
i)
No se
quiere evitar un contagio masivo:
Por
ahora, mientras no se tenga medicina o vacuna contra el Covid-19, el contagio
masivo parece inevitable. En algún momento del tiempo no muy lejano, excepto si
nos mantienen “en casa” hasta que haya cura, muchísimos colombianos estaremos
contagiados.
B) Lo que si dice:
i)
Se quiere
evitar ese contagio masivo en el corto plazo:
Efectivamente,
lo que se busca es evitar que ese contagio masivo se de en un período de tiempo
muy corto (evitar el pico, como se oye ya constantemente), a tal punto que haya
tanto contagiado grave que supere la capacidad del sistema para brindar
atención.
ii) Habrá
muchos contagiados no graves
Los
contagiados no graves son la cara positiva y deseada de la pandemia. Un
contagiado que no llega a situación de requerir atención en un centro
especializado –específicamente asistencia respiratoria mecánica- no es una
carga para el sistema, no es una gran preocupación (aunque si puede significar días
laborales perdidos) pero (al parecer) significa una persona que no podrá ser
contagiada y que no contagia a nadie más.
iii)
El
verdadero problema es la capacidad del sistema de salud.
El
tener a la mayoría de la población en la casa está dando tiempo al gobierno
colombiano para ampliar la capacidad del sistema, mediante más camas y equipo
de asistencia respiratoria. Se están habilitando clínicas y hospitales que
estaban cerrados e incluso, el enorme espacio del Centro de Ferias de Bogotá,
está siendo adaptado como sitio de atención.
Ahora
la pregunta del título de esta hoja ¿Tiene el país la capacidad económica para
mantener esta estrategia?
Lo primero que se nos
viene a la cabeza es que estamos pensando en capacidad para ampliar el sistema
de atención de emergencia respiratoria.
Aquí el problema es
que resulta difícil conocer cuál debe ser la ampliación. Los datos publicados
en varios medios dicen que la capacidad
del sistema de salud en Colombia es de entre 1,5 y 1,7 camas por mil
habitantes de atención, mientras que Nueva York, Madrid o Italia tiene 5 a 10
veces más capacidad y sin embargo han sido superados rápidamente por la
pandemia.
Parece difícil que
Colombia tenga la capacidad económica, humana y logística para lograr –aún con
sistemas temporales y mínimos de emergencia- llevar su capacidad a más allá del
doble o triple que el actual. Así, que la única solución sigue siendo evitar el
pico, mediante el aislamiento máximo.
Sin embargo, y aquí la
pregunta clave: ¿Tiene el país la capacidad económica para mantener el
aislamiento por más de un par de semanas? En los primeros días de aislamiento
se ha visto ya que existe un número de personas que no tienen ninguna capacidad
económica para subsistir sin ingreso un solo día. La solución ha sido prometer
y proveer (aunque a una velocidad aún mucho menor de lo requerido) de ingresos
de emergencia y mercados básicos. Se tiene proyectado beneficiar con ingresos
básicos de emergencia a unas 3 millones de familias pobres inscritas en los sistemas
oficiales de identificación de beneficiarios (familias en acción, adulto mayor,
Sisben, reinsertados, etc.) y con mercados muy básico a un millón de familias no
inscritas en ningún sistema (población de la calle e inmigrantes venezolanos,
principalmente)
Es claro que, a medida
que se alargue el período de aislamiento crecerán, a tasas exponenciales, las
familias que requieren asistencia; es poco probable que esta asistencia de
emergencia sea suficiente para el periodo de aislamiento definido en el Decreto
457 y ya se habla de una alta probabilidad de su extensión hasta mayo o junio.
No es claro es que el país tenga la capacidad para entregar la asistencia que
requieran 6,5 millones de familias, el 50% de las familias colombianas, que
estimo serían las que requerían asistencia, si el aislamiento se alarga más de
30 días.
Si no hay la
asistencia requerida el panorama es bastante negro: habrá saqueo a comercios y
un drástico incremento de la inseguridad como asaltos a personas y residencias,
y en general incremento de la violencia. El hambre trae violencia, como lo
muestran las cifras de Caracas, la ciudad más violenta de toda Latinoamérica,
aun sin una medida como el aislamiento total.
Siendo ese el
panorama, y a menos que se identifique como evitarlo, puede ser mejor camino
reducir paulatinamente el aislamiento total, comenzando por todos los municipios pequeños
a los cuales no ha llegado la pandemia (muchos de ellos de los más pobres del
país), estableciendo en su lugar, alta restricción de movimiento entre municipios y luego seguir con las
ciudades mayores, con medidas como pico y cédula con no más del 20% de la
población saliendo cada día o con restricciones de movimiento zonal, con alto
monitoreo de los brotes de contagio zonal que vayan resultando.
¡Creo que el país no
resistirá económicamente este aislamiento total más allá de 30 días!