Notas sobre regulación de los servicios públicos
¿Y QUE PASA CON LA DEPRECIACIÓN?
Diego Fernández[1]
aguayaseo@hotmail.com
Diego Fernández[1]
aguayaseo@hotmail.com
INTRODUCCIÓN
Las personas normalmente llamamos gasto todo pago que realizamos. Si se
le pregunta a una persona cualquiera cuál es su gasto en un año, seguramente sumara
todos los pagos que ha realizado en el período para dar la respuesta,
incluyendo en esa cuenta la salida de recursos para sus compras, arriendos,
viajes, comidas, reparaciones de vivienda, del auto, etc. etc. Si en ese
período la persona compró un activo de mucho valor, por ejemplo, un auto, dirá “pero
en este año tuve que pagar $xxx por el auto”, dando a entender que es un gasto
extraordinario. Igualmente, si en ese año compró una casa, con ayuda de un
crédito, incluirá como gasto su aporte (cuota inicial) aclarando que en este
año tuve que pagar $xxx para la cuota inicial de mi casa”. Por su parte, si la vivienda la adquirió hace
varios años y viene pagando el crédito para esa casa, incluirá las cuotas
pagadas mensualmente al banco, las cuales incluyen intereses, repago del crédito
y seguros.
Sin embargo, a ninguna persona se le ocurriría incluir en la estimación
de su gasto anual la pérdida de valor (depreciación) de sus muebles, su
vivienda o su auto.
Las empresas, que tienen la obligación de llevar contabilidad, (e
incluso las personas que llevan contabilidad) informan sobre sus gastos en una
forma un poco diferente que las personas comunes, utilizando dos reportes o
estados financiero diferentes[2]:
A)
Estado de
Resultados
B)
Flujo de
Efectivo
Estos estados también registran los ingresos (y también en forma
diferente a las personas) pero en este documento nos vamos a concentrar en el
registro de gastos.
El Estado de Resultados
El Estado de Resultados, (anteriormente denominado Estado de Ingresos y
Gastos) es el principal estado financiero para conocer los movimientos financieros
y el resultado logrado por una empresa, por su actividad principal, en el año. Este
es principal reporte para los socios, accionistas y analistas financieros y es
el mismo que deben utilizar las empresas para calcular sus impuestos anuales y
por tanto sobre el cual tienen sus ojos las entidades tributarias.
Es claro que la empresa, para realizar sus actividades, deben comprar
insumos, pagar salarios (tanto de personal de producción como de personal de
administración), pagar servicios públicos, arriendos, comprar papelería, etc.
Sin embargo, los gastos que registra una empresa en el Estado de
Resultado no corresponden exactamente a la “salida de los recursos”. De hecho,
incluso si la empresa no tuviese salida efectiva de recursos, el Estado de Resultados
registraría los costos y gastos “devengados” esto es, aquellos costos y gastos
en que la empresa ha incurrido para realizar sus actividades, como insumos,
costos de operación y costo de administración, así todos ellos hubiesen quedado
pendientes de pago. Igualmente se registran en este Estado, los intereses de
las deudas que la empresa debía pagar en el año, aunque no los haya pagado. Y
si bien todo esto ya muestra una importante diferencia con los que las personas
comunes llamamos “gasto”, la mayor diferencia se presenta en la forma como las empresas
registran los gastos relacionados con los activos.
En primer lugar, las empresas no registran como gasto (en el Estado de
Resultados) la compra de activos (muebles y enseres, computadores, vehículos,
edificios y en general todos aquellos que tiene una vida útil mayor a año), ni
la contribución que hagan para esa compra (como la cuota inicial de la vivienda
que mostramos en el caso de las personas).
En segundo lugar, las empresas si registran como gastos la depreciación,
esto es, la pérdida de valor, que sufren esos activos durante el año por efecto
del uso en la realización de su actividad económica, aunque este gasto no
significa una salida efectiva de recursos en el año.
El monto que pueden registrar las empresas anualmente como depreciación está
determinado por la denominada “vida útil”, la cual es regulada por normas
contables y tributarias. La “vida útil” es el número de años en que el activo
pierde su valor.
Por ejemplo, para los computadores las entidades de control suelen
definir una vida útil de 3 años; los muebles (sillas, escritorios, mesas, lámparas,
y demás inmobiliario de una empresa) definen una vida útil de 5 años, para los
inmuebles (edificios) la vida útil es de 10 a 15 años; para maquinaria, suele ser
entre 7 y 15 años y así sucesivamente para cada tipo de activo. El valor a
registrar como “depreciación” es el valor de adquisición o construcción del
activo (en forma independiente si se compra todo o parte de él con crédito)
dividido por su vida útil. Por ejemplo, si la empresa compra una máquina (de
$100 millones), al cual las normas contables permiten definirle una vida útil
de 10 años, al Estado de Resultados se llevará como gasto 1/10 de su valor, es
decir, $10 millones, durante los siguientes 10 años, desde su puesta en
operación. Si el valor del activo fuese
$45 millones y la vida útil 15 años, el valor de la depreciación sería 1/15 de
ese valor, es decir $3 millones durante los 15 años desde su puesta en operación.
Valga anotar que las autoridades, para algunos activos, definen un rango
de vidas útiles máximas (por ejemplo, de 10 a 15 años), dando libertad a las empresas
para seleccionar cual será la que utilizarán en su contabilidad.
Adicionalmente, las vidas útiles reguladas pueden cambiar entre países e
incluso entre sectores económicos de un mismo país.
El Flujo de Efectivo
El flujo de efectivo es el estado financiero en que las empresas
registran sus gastos en una forma más parecida a las personas, es decir la
salida y entrada real y efectiva de recursos, pero clasifica de acuerdo con los
siguientes tres grupos de actividades:
Actividades de inversión: Aquí se registran todas las entradas y salidas
efectiva de recursos (cobros y pagos) relacionada con activos fijos de la
empresa.
Actividades de operación.
Actividades de financiamiento: Registra todas las entradas y salidas
efectiva de recursos (cobros y pagos) relacionada con financiamiento con socios
o entidades financieras.
Todos aquellos flujos que no sean de inversión y tampoco sean de
financiamiento serán actividades de operación.
Existen dos métodos para calcular y presentar el Flujo de Efectivo:
·
Directo:
Cobros y pagos, la más útil y fácil de entender
·
Indirecto:
Muestra los incrementos y disminuciones en recursos que explican la diferencia
entre lo devengado y lo efectivamente percibido.
Estado de Resultados vs Flujo de
Efectivo para la regulación tarifaria
A diferencia del Estado de Resultados, el flujo de efectivo puede o suele
ser bastante inestable entre un año y otro: la compra de un activo aumentará en
forma importante el gasto registrado en el Flujo de Efectivo en el año de su
compra, porque en éste se debe registrar todo su valor; sin embargo, en el
Estado de Resultados solo debe registrarse su depreciación. Incluso si el nuevo
activo reemplaza un activo que salió de uso, pero tiene igual valor de compra,
en el estado de resultados no se registrará ningún cambio, porque se seguirá
registrando el mismo valor de depreciación que se venía registrando
anteriormente.
El gasto también es sensible a la política de financiamiento de la empresa:
si se adquiera deuda para comprar un activo y su período de repago es muy
corto, el flujo de efectivo mostrará un alto gasto, mientras que en el Estado
de Resultados se registrará siempre la misma depreciación, en forma
independiente de la forma de financiamiento o el periodo de repago de la deuda.
Puesto que los activos de las empresas de saneamiento y de energía
tienden a tener vidas útiles bastante largas (20, 30 y hasta 50 años), se
considera injusto con los usuarios que usaran en el servicio en los próximos
(pocos) años tengan que pagar en ese período (ya sea en el año de construcción
del activo o en el plazo del crédito con el cual se financia la obra) el valor
de una obra que servirá a usuarios durante muchos años futuros, lo que
correspondería a una “transferencia intergeneracional” de los usuarios actuales
a los usuarios futuros.
Puesto que el Estado de Resultados refleja de mejor manera los gastos en
que una empresa debe incurrir para realizar su actividad, en forma
independiente de su política de pago efectivo de sus compromisos o de su
política de financiamiento, es práctica internacional generalizada (aunque no
única) utilizar como base para el cálculo de los costos de las empresas reguladas,
aquellos que se registran o se deben registrar en el Estado de Resultados, ya
sea el de años previos o de las periodo de regulación.
¿Qué hace la empresa regulada con
la depreciación?
Una preocupación que suelen tener los reguladores de empresas de
propiedad pública, es reconocer como gasto a llevar a la tarifa el costo de
depreciación, siendo que este no es una salida efectiva de recursos y que por
tanto la empresa utilice inadecuadamente el ingreso por este concepto que
recibirá en las tarifas, esto es, no la utilice para inversiones en activos
sino para gastos corrientes.
Puesto que a la empresa regulada no se le está reconociendo en la tarifa
el pago que debe realizar por servicio de la deuda ni el necesario para
realizar inversiones, es de esperar que los recursos que recibe de depreciación
lo utilice con este fin. Sin embargo, la preocupación es válida y es objeto de
regulación complementaria en algunos países.
Una posibilidad puede ser obligar a la empresa contabilizar los recursos
de capital recibidos en las tarifas como un fondo, el cual solo pueden utilizar
para Actividades de Inversión o Actividades de Financiamiento exclusivamente
relacionadas con inversión en activos.
Sin embargo, esta regulación complementaria, de la cual existe algunos
ejemplos no muy fuertes en Colombia y Perú, debe ser realizada con sumo
cuidado, tomando en cuenta la regulación contable y tributaria del país, para
no entrar en conflicto con esas normativas o crear costosas cargas a las
empresas.
Una posibilidad menor intrusiva pero que puede servir para realizar
seguimiento a esos recursos y tomar medidas excepcionales en caso que se
encuentre alguna situación indebida sería establecer la obligación de un
reporte periódico (semestral o anual) del Flujo de Efectivo, utilizando el
método directo y estableciendo normas claras de desagregación de las
Actividades de Financiamiento e Inversiones.
Debe tenerse en cuenta que las tarifas incluyen una utilidad o costo del
capital, y que una proporción del mismo deberá ser utilizada por la empresa
regulada para cubrir costos no reconocidos (multas, impuestos directos),
mayores pérdidas etc. y por tanto no es de esperar que la totalidad de esta “utilidad”
vaya al “Fondo” o a actividades de financiamiento o inversión.
[2] Las empresas manejan y registran información
en varios estados financieros más (como el Balance General, el Estado de
Cambios en el patrimonio, El Estado de Cambios en la Situación Financiera, entre
otros), que no son de nuestro interés en este documento.